Steven Wilson en su show solista es un monstruo completamente distinto a quien conocemos como líder de Porcupine Tree. En su primera presentación en Chile el delgado músico se mostró efusivo, vehemente y hasta chispeante. Tan activo lució que en momentos incluso parecía estar influenciado por alguna droga extásica de dudosa procedencia…
Pero no, lo que mueve a Wilson no es otra cosa más que la música… fina y depurada droga para el alma.
Durante dos días en la capital de Chile, se reunieron para experimentar en persona la propuesta en vivo del genio británico, miles de seguidores de bandas como Tool, Opeth, Katatonia, Devin Townsend, Dream Theater y, por supuesto, de Porcupine Tree. La gran mayoría amantes del Rock con inclinación más que marcada hacia el Progresivo; seguramente fans también de bandas descendientes directos e indirectos de King Crimson, Yes, Genesis o Pink Floyd… todos y cada uno de ellos, total y absolutos music junkies.
Porque si bien no todos poseemos el evidente talento de Steven Wilson, todos compartimos su nivel de devoción por la música.

Una canción, un disco, un show… el delgado guitarrista demostró que las dosis de esta droga pueden ser administradas de diferentes maneras, pero que no hay mejor forma que tomarlas todas juntas y de una sola vez.La música como arte, no como producto comercial orientado a las masas, o como pasatiempo temporal o profesión; un arte transversal que se cruza a la perfección con otras formas artísticas, para potenciarse y abarcar cualquier espacio del alma que quede sin conmover; música como un acto de comunión entre humanos; adictiva como el sexo, pura como la droga mejor elaborada.
“Trains” fue la canción… que dio broche de oro al concierto, coreada por todo el teatro y generando un nudo en la garganta de más de alguno. “Grace for Drowning” es el disco… un despliegue de talento compositivo y técnico que dejó con la boca abierta hasta a los más críticos, rodeó a Wilson de músicos verdaderamente notables (a la par con los miembros de PT, si cabe espacio para comparaciones) y lo trajo por primera vez a Chile. Y el show… una experiencia sensorial completa donde la melancolía alternaba con momentos de alta intensidad emocional, increíble excitación y sombrío misterio, todo a manos de la increíble interpretación y el críptico apoyo visual.
Los comentarios a la salida del recinto apuntaban casi por completo a la sensación dejada por el show: alucinante! de otra galaxia! un viaje!; resumen más que apropiado para una noche en que temas como «Raider II» y «Veneno para las Hadas» sonaron en toda su magnificencia y majestuosidad, gracias a un sonido impecable en uno de los mejores recintos para música en vivo de Santiago. Claro, fueron momentos como «Index» o la recién estrenada «Luminol» los que sacaron ovación, pero sin «Harmony Korine» o «No Part of Me» el show no habría sido completo. Y así se configura una velada perfecta; un poco más de Insurgentes, con la histriónica performance de «Get All You Deserve», y el cierre con unas bellezas absolutas de Porcupine Tree en versión acústica, «Lazarus» y «Trains»… un viaje alucinante a otra galaxia.
Y qué recepción del público! no muy acostumbrado a tanta efusividad, el delgado prog-rockstar no pudo menos que asumir que en Chile los conciertos no se escuchan sino que se viven.
Es extraño que los mismos compositores de discos que consideramos fundamentales en nuestro propio desarrollo personal, no se den cuenta del efecto que tienen sus obras en la vida de los demás. Muchos artistas desconocen que, previo a los shows, experimentamos su música de manera inmensamente profunda… alejados de los singles radiales y sus fórmulas básicas, nos dedicamos a escuchar, experimentar y volar con composiciones que manejan contrastes, crescendos, dinámicas que gatillan una sensación que evoca una emoción que resucita un recuerdo que nos lleva a un momento en que esa melodía no era un conjunto de acordes y compases sino un filtro que depura la realidad y la hace sentir… especial.
Somos todos unos music junkies, cuando ponemos play y la burda realidad desaparece de nuestras vidas; cuando nos ponemos los audifonos y nos volvemos protagonistas de nuestro propio videoclip. Somos todos music junkies cuando salimos de un concierto y no podemos poner los pies en la tierra sino hasta días/semanas después…
Steven Wilson pasó por Chile y con un par de shows nos dejó completamente conscientes de esta condición que padecemos, de esta adicción que nos domina… y de la que no queremos rehabilitarnos jamás.
Fue exactamente eso, un viaje maravilloso por tantos lugares del alma, Wilson es como un científico loco de la música, arte en su más pura esencia, sublime!!!
Excelente Kthulu! si que saben!
exelente reseña ….pasaran los años y el dia 18-04-2012…quedara grabado en mi mente y cuerpo para siempre ……..gracias a un señor en el cual la magia musical fluye de una manera distinta a los demas mortales.