No somos nosotros, son los demás. No es nuestro gobierno, fue el gobierno anterior. No fue la concertación, fue la dictadura. No fue la dictadura, fueron los marxistas. No fueron los marxistas fueron los gringos…
Para todo en Chile hay una excusa que responsabiliza a alguien más de los problemas actuales. Todos aspiran a quitarle el poto a la jeringa cuando se trata de asumir problemas. Los políticos chilenos son más turnios que el finao Kirchner y no lo asumen… a menos que les paguen por ello, claro está…
El verdadero problema de esta actitud es que esta mala costumbre, de mirar hacia los lados y culpar a los demás, termina siendo el comodín para declararse de manos atadas ante cualquier situación… como si lo que estuviera escrito no se pudiera corregir… como si lo que se hizo mal en el pasado no se pudiera hacer bien ahora. Al menos eso es lo que han hecho los gobiernos de los últimos 20 años en Chile, se han excusado sistemáticamente acusando a quienes estuvieron antes que ellos, a los que están en frente y al lado, por las calamidades que nos aquejan en el aquí y el ahora.
Lo siento gente, pero esa excusa ya no es válida… el problema es evidente. Hemos dado la vuelta completa y seguimos donde mismo, mirando hacia atrás y al lado con desdén, lavándonos las manos por lo que sucede en el momento… cuando lo único que hay hacia atrás somos nosotros mismos.
Esta especie de estrabismo forma parte de la idiosincrasia chilena, ciertamente, y se puede perdonar la falta de autocrítica de los gobernantes de un país así, pero lo que no se puede perdonar es seguir adelante buscando responsables por cualquier cosa sin haber antes intentado siquiera prevenir o evitar esas faltas y errores. La política de tirarse la pelota unos a otros es lo que tiene a Chile estancado (al menos a la gran mayoría de Chile).
Se da constantemente con los derechos humanos, siempre es más fácil buscar
culpables de violaciones a ellos que garantizar que se respeten; se da hoy con los desmanes, siempre es más fácil reprimir que adelantarse a ellos y evitarlos. Resulta escalofriante para el ciudadano común darse cuenta que, en el fondo, esta práctica es finalmente una tradición de los gobiernos chilenos pues siempre hay alguien que se beneficia de ello. Tanto de las violaciones a los derechos humanos, como del vandalismo desatado, la pésima educación en Chile o la iniquidad en la repartición de las riquezas… siempre hay un bando que gana algo jugando con el bienestar y estabilidad de la gente común.
Lo hermoso de la situación actual es que muchos chilenos se dan cuenta de esto… y lo repudian.
Entredientes frente al monitor del computador o marchando por las calles de su ciudad, la gente común sabe, se manifiesta y espera con paciencia al actuar de sus gobernantes. Con una calma que se agota en cualquier momento, la nación aguarda expectante a que la mala costumbre de echarle la culpa a los demás termine de una buena vez y se empiece a legislar pensando en el futuro. Todo Chile espera que sus gobernantes empiecen a enderezar la vista y por ello han formado una gran columna de ciudadanos en el centro mismo del país, para obligarlos a mirar hacia un sólo lado!
Sin embargo, el estrabismo no es el único problema que aqueja a los políticos chilenos. También son cortos de vista. Tienen una incapacidad terrible para proyectarse al futuro y adelantarse a los hechos. Son estériles al momento de proyectar su carrera como posibles próceres de la patria y se conforman con la reelección y el incremento de sus arcas personales a tiempo para su jubilación. Juegan a las quemaditas con el futuro de una nación y aspiran a salir quemados al último… nada más que eso.
Por desgracia, esta miopía es un mero síntoma de los tiempos de inmediatez en los que todos vivimos y eso nos juega en contra… una y otra vez.
Todo es ahora mismo ya o simplemente no es. El actuar, la ganancia y la gloria deben darse en tiempo real o no significarán nada. Por eso es que en vez de soluciones concretas y permanente terminamos obteniendo bonos marzo, bonos de invierno, escuelas modulares, consultorios móviles, 4 mil millones de dolares para mejorar la educación, leyes anti-terroristas, construcción de cárceles con muros más altos y celdas más cerradas… prótesis, parches y aspirinas para curar el cáncer.
Está bien, los chilenos somos miopes y nos operamos los ojos para evitar heredarlo a nuestros hijos pero, así como con los demás problemas de idiosincrasia, este error terrible se puede perdonar de un ciudadano común mas no se le puede perdonar a quienes rigen el futuro de una nación.
Los personajes de nuestro congreso, indiferentes de su color político, no pueden dejar de tener miedo a ser recordados por generaciones futuras como los que vendieron el agua de Chile, los que destruyeron la Patagonia, los que privatizaron el cobre, los que legitimaron el lucro en la educación… deben temer al juicio de una nación! Y para ello es necesario que la nación misma se ponga los lentes y tome las riendas! Ya que voluntad por enderezar la vista parece no existir en nuestros gobernantes es momento que los ciudadanos comunes decidan qué hacer… es momento que la gente se informe y vote… pero no por los mismos bufones de siempre!
La solución al estancamiento y ceguera de un país gobernado por turnios y miopes está en manos de quienes si se preocupan por el futuro de sus hijos y conciudadanos… los que viven el día a día en Chile, siendo chilenos… la respuesta es una y está en manos de todos…
No más democracia de cartón! No más excusas!

















